"La violencia también ha estado definida por la negación de otras formas de conocimiento": Carolina Jiménez

Ponencia presentada por Andrea Carolina Jiménez Martín, Docente de la Univeridad Nacional de Colombia e integrante del Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz durante el diálogo "El papel de la Universidad Pública en la construcción de la Paz" desarrollado el pasado 9 de junio de 2016 en el marco del Foro - Taller "Los aportes de la Universidad Pública a la Paz Territorial".

 

Buenos días. Muchas gracias. Es un placer otra vez estar aquí en la mañana compartiendo con ustedes.

 

Como decía Juan Carlos, la invitación un poco en la mañana - porque ayer trabajamos un poco más en perspectiva del proceso y de algunos elementos para analizar el proceso - era poder compartir algo de lo que ha sido la experiencia del Centro de Pensamiento. Antes de entrar un poco a contar, porque digamos que no hemos propiamente sistematizado la experiencia del Centro de Pensamiento, quisiera proponer como dos o tres ideas generales que me parece que es importante dialogarlas en esta de discusión de pensarnos el papel de la universidad, o quizá no sólo de la universidad, sino de la educación en un horizonte de la construcción de paz.

 

Yo creo que las dos intervenciones que me precedieron y las del día de ayer, más las que ustedes han venido elaborando en sus diferentes espacios, denotan la complejidad del conflicto armado y en consecuencia la complejidad de un proceso de construcción de paz.

 

Y un proceso de construcción de paz que como lo hemos dicho, no se limita simplemente a desarmar los territorios, sino a generar unas condiciones de vida digna en los territorios. Y en ese orden en término del lugar de la educación, de la universidad y la academia en la construcción de la paz, quisiera iniciar problematizando un componente:  y es que la violencia también ha estado definida por la negación de otras formas de conocimiento.

 

Yo creo que en la universidad tenemos que hacernos esa pregunta porque la universidad no solamente colombiana, sino en la universidad como espacio de producción del saber se han negado otras formas del saber y otras formas del conocimiento. Y creo que un escenario de construcción de paz nos interpela y necesariamente nos tiene que interpelar en ese horizonte. En un horizonte donde ha habido un epistemicidio de unas formas de saber que aunque no tienen las formalidades que uno se mueve en el mundo académico, son profundamente valiosas para entender los territorios, para impulsar los territorios y para ayudar a organizar la sociedad de un modo distinto.

 

Entonces creo que ese escenario de construcción de paz, y creo que una universidad pensándose en participar en ese proceso, se tiene que abrir al diálogo de saberes. Se tiene que abrir a ese diálogo y se tiene que abrir a entender que el aporte que nosotros podemos hacer desde la universidad es muy valioso, pero no es el único aporte para pensar la construcción de la paz. Entonces ese es un primer elemento que quisiera señalar.

 

En ese orden, hay un segundo elemento que me parece que también es importante que podamos abordar en esta discusión, y ya lo señalábamos ayer en algún momento, y es que el régimen político colombiano, la constitución misma de la sociedad colombiana, ha dinamizado unas lógicas centralistas de diversos ordenes que le han hecho mucho daño a los territorios. Y en ese orden la construcción de la paz debe también pasar por descentralizar esos centros que se han reconocido como los más valiosos para la construcción del conocimiento. Y lo digo desde un espacio que valoro, quiero mucho, define buena parte de mi vida que es la Universidad Nacional de Colombia; pero esas lógicas centralistas de las universidades públicas y privadas en Bogotá creo que le han hecho mucho daño a este país.

 

Y en consecuencia creo que el escenario de la construcción y creo que el escenario de los postacuerdos, pero creo que tampoco es útil poner todo en el marco de los postacuerdos, requiere hoy dar la posibilidad para que estos espacios regionales y estas universidades regionales asuman un lugar protagónico en la dinamización de transformar las territorialidades de la guerra que se han estructurado en Colombia. En ese orden la Universidad Surcolombiana, la Universidad de los Llanos Orientales, la Universidad Industrial de Santander, otras múltiples universidades regionales que han hecho unos esfuerzos enormes para ayudarse a pensar el territorio y no lo suficientemente valoradas en los espacios académicos, creo que deben poder avanzar en ese orden. Y no sólo desde la región sino también desde esos espacios de centralización del poder donde no se le ha dado el valor a la producción del conocimiento en las regiones. Entonces creo que ese es un segundo elemento importante en esta reflexión.

 

Hay un tercer elemento que nos está interpelando mucho, y eso si lo cuento más… -me excuso con ustedes porque no es muy estructurado en términos de una presentación de un seminario”- …un poco más anecdótico, pero creo está tocando mucho en la vida institucional. Hoy particularmente en la Universidad Nacional tenemos un debate muy fuerte sobre eso. Y es una discusión que se ha venido dando en las últimas tres semanas a propósito de lo que se ha denominado “la academia capturada por los intereses políticos” o lo que otros profesores han planteado “el homenaje a las armas”. ¿Por qué lo digo? Y les decía que lo iba a contar de un modo muy anecdótico:

 

Hace más o menos tres semanas el departamento de sociología cumplió 50 años y se hizo un reconocimiento -como uno de los egresados que había aportado a la producción del conocimiento y a la construcción de la Facultad de Sociología- al profesor Miguel Ángel Beltrán. Creo que más o menos todos ustedes aquí conocen la situación del profesor Miguel Ángel. Eso empezó a generar un debate muy fuerte en la universidad porque un grupo de profesores de la facultad sacaron un comunicado muy enfático rechazando ese reconocimiento que había hecho la Facultad de Sociología y posteriormente sacaron dos columnas que han sido muy fuertes y creo que han sido bastantes duras con la Universidad Nacional y particularmente con la sede Bogotá. Una columna del profesor Gustavo Duncan titulada “Homenaje a las armas” donde dice que la expresión del reconocimiento al profesor Miguel Ángel por parte de la facultad denota cómo la academia está participando en la lucha armada y particularmente, no lo dice explícitamente pero se puede reconstruir del ejercicio, como en la Universidad Nacional pareciera que los profesores de la Universidad Nacional hiciéramos parte de la lucha armada. Posteriormente el profesor Mauricio García saca una columna titulada “Academia capturada”; y un poco proponiendo que la academia ha sido capturada por intereses políticos y ha contaminado ese foro con dogmas ideológicos en un foro que aparentemente debería ser neutral y debería tener el carácter de científico.

 

Hago mención a esto porque me parece que es muy difícil proponer que un intelectual o un académico comprometido con los procesos sociales o comprometido con ayudar a construir una lectura crítica de lo que ha sido la configuración de este sistema político, se haga la asociación con espacios armados. Y lo digo porque creo que también el pensamiento crítico en Colombia ha sido altamente perseguido. Y creo que es una discusión que debemos darnos en la universidad. Si el pensamiento crítico no es lo que se ha venido denominando en el marco de la modernidad occidental científico; Y si la universidad en consecuencia no se puede comprometer políticamente en la construcción de una sociedad diferente. Digamos que yo ahí tengo una interpretación distinta en tanto para mí lo político no es ese dogma ideológico, no es ese compromiso con otras formas, sino lo político es la posibilidad de construir una vida digna y una vida diferente. Y creo que ahí la universidad debe ayudar a rescatar la categoría de lo político y la política. Entiendo que aquí hay un departamento relativamente joven de Ciencia Política, con profes muy comprometidos ayudando como a reflexionar esta situación y me parece que es muy importante que podamos avanzar en ese horizonte. Y lo digo en el siguiente orden:

 

Hoy todas las universidades, yo creo que esa discusión la han vivido ustedes aquí en la Surcolombiana como lo hemos vivido nosotros en la Nacional, y es… que se ha venido creando una idea que hay unos conocimientos que si son científicos y que si son válidos y otros no. Y eso nos ha hecho mucho daño a las humanidades y particularmente mucho daño a las humanidades que tienen una perspectiva crítica. Nosotros hemos dado unos debates bien interesantes al interior de la universidad sobre las políticas definidas ahorita por Colciencias en tanto castigan las ciencias sociales y las humanidades, y castigan particularmente unos enfoques de las ciencias sociales y de las humanidades. Y a mí me parece que eso en un escenario de construcción de paz lo debemos discutir, porque es que la posibilidad de reconocer formas distintas de entender el mundo, de explicar el mundo, de comprender el mundo y de ayudar a proponer otras formas de organizar el mundo deben estar en un escenario de construcción de paz. Entonces creo que ese no es un debate ajeno a todo lo que nos está pasando en el escenario colombiano y debemos darlo. Debemos darlo de tal suerte que eso permita también… creo que todas las posiciones son válidas. Y creo que justamente un escenario de construcción de paz debe permitir eso y no negar, ya no desde la vía de la criminalización, pero si desde otros dispositivos científicos, que se produzcan esas formas de conocimiento.

 

Toda la discusión sobre la puntometría al interior de las universidades es eso. Es la dificultad de reconocer otras formas. Entonces al interior de la universidad lo vivimos y en la universidad reproducimos esas prácticas cuando nos encontramos en el diálogo con otros actores y otros sectores sociales.

 

Yo quería proponer como esas tres ideas iniciales porque creo que es importante en esta discusión que nos abogamos en la sociedad en la actual coyuntura

 

Ahora si a lo que me dijeron que me invitaron a conversar que era sobre el Centro de Pensamiento

 

En la universidad hemos estado viviendo ahorita una emergencia de centros de pensamiento en el marco de lo que ha sido la coyuntura de la negociación del conflicto armado. Y yo creo que distintos investigadores, grupos de investigación, colectivos estudiantiles, porque en la universidad no sólo somos lo que producen los profesores sino lo que hacen nuestros estudiantes y los trabajadores, de formas no tan explícitas, pero si habían venido dando la discusión sobre la paz.

 

El Centro de Pensamiento terminó siendo más también una coyuntura donde nos tuvimos que organizar particularmente en la universidad. Ahí digamos quizás la presencia más fuerte, aunque se ha intentado un ejercicio interdisciplinario en el Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz, ha sido de la Facultad de Derecho y del Departamento de Ciencia Política, y ahí nos hemos articulado una serie de profesoras y profesores para apoyar el ejercicio del proceso de diálogos de La Habana y lo que se puede esperar en los diálogos con el ELN.

 

Ahí hemos explorado diferentes estrategias y hemos dado una discusión bien interesante al interior del Centro de Pensamiento de cómo la universidad y particularmente la Universidad Nacional… porque creo que ahí la intervención del señor Rector es bien importante en términos de: “no es lo mismo el lugar de la universidad pública a la universidad privada”. No lo digo en términos de que la universidad privada no sea muy importante también en este escenario y construya mucho, pero la universidad pública tiene unas responsabilidades distintas con la sociedad colombiana, creería yo, y la Universidad Nacional se ha planteado la discusión de cuál es nuestro lugar en ese ejercicio.

 

Los primeros escenarios que construimos en el Centro de Pensamiento fueron justamente apoyar la convocatoria a la sociedad civil para llevar las propuestas a la Mesa de Conversaciones en La Habana. Ustedes saben, nosotros organizamos, yo creo que mal contados unos 10 foros, unos de carácter nacional y otros de carácter regional sobre cada uno de los puntos de la agenda de conversaciones, el último lo hicimos el pasado 7 de febrero, y también ha sido todo un ejercicio de plantear diálogos distintos porque había dos racionalidades bien distintas: el sistema de Naciones Unidas y el sistema de Universidad Nacional. Se avanzó y creo que se hizo un ejercicio interesante con todas las limitaciones que puedan tener los foros señalados. Digo todas las limitaciones porque quizá no tuvieron ese carácter de diálogo tan amplio como ameritaría este tipo de discusiones, pero las características mismas del espacio no lo permitían. Entonces ahí ha habido como un primer ejercicio en el Centro de Pensamiento.

 

Ha habido un segundo ejercicio que creo que es bastante interesante y es la promoción de las alianzas con las universidades públicas y privadas a nivel nacional. Yo entiendo que ustedes aquí también han venido haciendo un esfuerzo de las alianzas interinstitucionales, interuniversitarias con universidades de la región y creemos que eso es muy importante un poco en la perspectiva de ayudar a romper esas lógicas de la centralización. Entonces no ha sido la pretensión del Centro de Pensamiento ir y plantear su posición, sino construir conjuntamente la forma como nos vamos a articular en estos procesos.

 

Ha habido una tercera entrada y es una tercera entrada que nos preocupa bastante y es… -ya ayer salía algo en la discusión- …y es referente a lo mal o bien llamado pedagogía de la paz. Esa ha sido una preocupación fundamental para nosotros en tanto por los diferentes espacios que podemos compartir, pues, se ha podido identificar que hay un profundo escepticismo, incredulidad de algunos sectores de la sociedad colombiana con la paz y un profundo desconocimiento con la paz.

 

Yo creo que no se trata simplemente de como decía ayer Mario de si se han leído las 140 páginas o no, sino de poder ayudar a comprender lo que ha representado la guerra para este país y lo que puede representar la paz. En ese orden hemos avanzado en un ejercicio televisivo que es un programa que se trasmite todos los sábados a las tres de la tarde en Canal Institucional que se llama “La paz en foco” y que lo trasmitíamos los lunes a las 8 de la noche en Canal Capital. Pero que las circunstancias mismas de las trasformaciones dramáticas que hemos vivido en Bogotá han generado que el espacio en Canal Capital ya no tenga cabida como muchos otros espacios que se habían generado en Canal Capital.

 

¿Este programa que ha buscado? y creo que en algunos elementos ha contribuido es a ayudar a mostrarle a la opinión o a los televidentes que consultan este tipo de canales -porque no es que sea la audiencia de RCN y Caracol-, los acuerdos, los actores que juegan en los postacuerdos, porque nos hemos jugado en ese horizonte de que no planteamos la idea del postconflicto, sino de postacuerdo, entonces hemos venido haciendo una serie de ejercicios donde confluyen diferentes actores sociales, políticos, económicos, para pensar el tema de la paz. Entonces creo que ese ha sido como otro frente el que ha explorado los Centros de Pensamiento.

 

Hay un cuarto espacio en el que hemos venido trabajando y son diversos ejercicios editoriales. Creemos que estos son también bastante útiles en términos de ayudar a poner a diferentes compañeras y compañeros de la academia a discutir sobre la paz y ahí ya hemos publicado dos libros, está en construcción un tercer libro en términos de que nos pensemos todo el ejercicio de los postacuerdos y de la negociación del conflicto.

 

Hay un quinto espacio donde hemos venido desarrollando bastantes ejercicios y son acompañamientos territoriales para pensar el proceso de la implementación. Digamos que no era suficiente, osea no es suficiente, en efecto, darnos la discusión sobre qué representa el fin del conflicto, conocer un poco los acuerdos que han alcanzado en la Mesa de Conversaciones en La Habana, sino hemos venido diseñando unos ejercicios de diálogo territorial para que con diferentes actores, líderes campesinos, indígenas, afros, líderes de la institucionalidad, nos pensemos los desafíos de la implementación de los acuerdos en los territorios. Ahí particularmente hemos avanzado en unos ejercicios en Tumaco y en Arauca donde empieza a emerger que en efecto, como se discutía ayer ampliamente, la implementación es un desafío que nos interpela a todos y todos los actores que estamos en los territorios entonces habría que mirar ahí como avanzar.

 

Un último espacio que hemos venido trabajado es el desarrollo de seminarios conjuntos en alianzas con las universidades. Se han hecho ya varios seminarios en articulación con la Universidad de Los Andes, la Universidad Javeriana, la Universidad del Rosario en Bogotá para pensarnos el tema de la paz.

 

Creo que el balance es bien interesante y ahorita en la Nacional lo que ha venido pasando es que se han venido creando otros Centros de Pensamiento, en la Facultad de Agronomía, en la Facultad de Artes, en la Facultad de Sociología. Incluso en el marco de la celebración que se hizo en la semana de Camilo Torres, el Centro de Pensamiento sobre Camilo Torres dinamizó toda esa reflexión; y se han generado una serie de encuentros entre centros de pensamiento pensando en perspectiva no sólo de los encuentros público-privado sino en un elemento que es importante señalar y que lo olvidé mencionar en los tres puntos que quería destacar y es el tema de pensar desde las diferentes disciplinas el problema. Yo creo que la forma como se han construido, o esa estructuración de códigos binarios antagónicos propios del pensamiento moderno: “estos son ciencias exactas, esto son ciencias sociales”, le ha hecho mucho daño al conocimiento. Porque nos han fragmentado mucho la forma de entender los problemas. Incluso al interior de las ciencias sociales tenemos dificultades para establecer los puentes entre la ciencia política, la sociología, la filosofía, la economía, la historia, antropología… y un poco aquí hemos intentado, no obviamente quebrar, pero si avanzar en los puentes de los diálogos entre las diferentes facultades porque creemos que es importante dar esa discusión al interior de la universidad.

 

Este ejercicio se ha hecho, y eso si quisiera destacarlo porque me parece que no sería justo con otra serie de colegas que en el Centro de pensamiento se ha avanzado, pero hay otros colegas también que han estado muy comprometidos con todo el tema de la paz y que han avanzado desde sus grupos de investigación, desde los procesos en que participan, en pensarse este tema de la paz.

 

Bueno. Yo sé que eran unas ideas como muy generales para socializar un poco lo del Centro. De todos modos, si hay una inquietud podemos compartir algunas cosas que se han producido.

 

Muchas gracias.

Modificado por última vez en Miércoles, 21 Septiembre 2016 20:58